Mientras la capital descansa, cientos de operarios realizan jornadas de limpieza intensiva en estaciones y portales para garantizar un sistema óptimo al amanecer.
Cuando las luces de las viviendas se apagan y el flujo de pasajeros se detiene, una ciudad paralela cobra vida en las troncales de TransMilenio. No son usuarios buscando llegar a casa, sino el equipo humano que se encarga de que, al salir el sol, el sistema esté impecable.
Jornadas intensivas en el norte de la ciudad
Durante la madrugada de hoy, el foco de atención se centró en las estaciones Calle 146 y Mazurén, puntos neurálgicos que conectan las localidades de Suba y Usaquén. Allí, cuadrillas de aseo desplegaron operativos de lavado profundo, eliminando rastros de la jornada anterior y desinfectando cada rincón de la infraestructura.
Estas labores no se limitan a un barrido superficial; incluyen el lavado a presión de pisos, limpieza de barandas, vidrios y zonas comunes. El objetivo es claro: que los ciudadanos encuentren un entorno limpio, seguro y digno para su primer viaje del día.
Un compromiso con la calidad de vida
La gerente de TransMilenio, María Fernanda Ortiz, destacó la importancia de estos operativos nocturnos, subrayando que el mantenimiento es una pieza clave en la experiencia del usuario.
«Buscamos ofrecer cada día un mejor servicio para nuestros usuarios, pensando siempre en la calidad de vida de nuestros pasajeros», señaló Ortiz.
La funcionaria enfatizó que el esfuerzo realizado en la oscuridad de la medianoche se traduce en bienestar y eficiencia durante las horas pico, cuando miles de bogotanos dependen del sistema para llegar a sus destinos.
Manos que cuidan el sistema
Detrás de cada estación reluciente hay historias de compromiso. Son los trabajadores que, en silencio y bajo el frío bogotano, cuidan cada espacio del sistema. Gracias a su labor, TransMilenio «sigue despierto», manteniendo la operatividad de un engranaje que no se detiene para que la ciudad pueda avanzar.
Al finalizar la jornada nocturna, las estaciones quedan listas para recibir a los primeros usuarios del alba, quienes, en muchos casos, desconocen el despliegue humano que permitió que su estación amaneciera como nueva.
















