El río Juan Amarillo (también conocido como Humedal Tibabuyes), un ecosistema vital en el noroccidente de Bogotá, se ha convertido en un foco de preocupación para los residentes de Suba, quienes denuncian su alarmante deterioro ambiental y la creciente inseguridad asociada a problemáticas sociales.
La comunidad expresa su indignación por la gran cantidad de desechos que inundan el cauce. «El río está lleno de basura y muy sucio, no han vuelto a abrirlo (las compuertas o pasos de agua), lo que agrava la situación,» señala un vecino del sector que prefirió mantener su anonimato por seguridad. Esta contaminación, un problema histórico en el humedal, parece haber escalado, afectando la calidad de vida y el equilibrio ecológico de la zona.
Inseguridad y problemática social disparan la alarma
Más allá del deterioro ambiental, lo que más atemoriza a los habitantes es el visible aumento de la población habitante de calle y el consumo de sustancias psicoactivas en los alrededores del río.
«Nos da miedo pasar por este sector. Hay muchos habitantes de calle y crecen los ‘cambuches’ en la zona,» comenta otro residente. La percepción general es de una creciente inseguridad, con la proliferación de estructuras informales (cambuches) que, según los vecinos, sirven de refugio para actividades ilícitas y consumo, convirtiendo la ronda del río en un lugar de alto riesgo, especialmente al caer la noche.
Llamado a las Autoridades
Los ciudadanos hacen un llamado desesperado a la Alcaldía Local de Suba, la Secretaría Distrital de Ambiente, la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB) y la Secretaría de Integración Social para que coordinen una intervención integral y urgente.
Se solicita no solo jornadas intensivas de limpieza y control de vertimientos, sino también estrategias de seguridad más efectivas y programas de atención social permanentes para abordar la compleja situación de los habitantes de calle y consumidores que han tomado el área como su hogar.
La comunidad insiste en que la recuperación del río Juan Amarillo debe ser prioritaria, no solo por su valor ecosistémico como el humedal más grande de la Sabana, sino también para devolver la tranquilidad y seguridad a los barrios aledaños.










