El aumento del 23 % en el salario mínimo para 2026 ya empieza a reconfigurar las decisiones del sector empresarial en Colombia. Aunque las compañías mantienen expectativas de crecimiento, el incremento en los costos laborales ha llevado a que muchas trasladen ese impacto directamente a los precios de bienes y servicios.
Según la Encuesta Ritmo Empresarial (ERE), aplicada a cerca de 5.900 empresas del país, el principal ajuste ha sido precisamente el incremento de precios, seguido por la decisión de mantener sin cambios las plantas de personal. En menor medida, algunas organizaciones han optado por reducir personal o congelar nuevas contrataciones, mientras que otras han recurrido a la reorganización interna o a esquemas de contratación alternativos.
Este panorama se da en medio de una economía que muestra señales de recuperación, aunque de forma gradual. Más que un repunte acelerado, lo que se percibe es una estabilización progresiva en las ventas y la inversión, en un entorno todavía marcado por la incertidumbre y las presiones sobre los costos.
Durante el segundo semestre de 2025, cerca del 31,4 % de las empresas reportó un aumento en sus ventas, con comportamientos desiguales entre regiones. Ciudades como Pereira, Putumayo y Aburrá Sur lideraron este crecimiento, reflejando una reactivación heterogénea con focos de mayor dinamismo económico.
¿Cuál es la proyección para el 2026?
De cara al primer semestre de 2026, el 30,2 % de las empresas espera incrementar sus ventas. Dentro de este grupo, una parte significativa proyecta crecimientos superiores al 20 %, lo que evidencia que, pese a los desafíos, aún existen oportunidades de expansión en algunos sectores.
En materia laboral, la tendencia apunta a la estabilidad. Cerca del 77 % de las empresas no registró cambios en su número de trabajadores durante el segundo semestre de 2025. Para 2026, una minoría planea aumentar su personal, mientras que un porcentaje reducido anticipa recortes, lo que sugiere un mercado laboral cauteloso pero sin ajustes drásticos.
La inversión, por su parte, muestra señales mixtas. Aunque en 2025 se registró un repunte frente al año anterior, para 2026 las intenciones de inversión disminuyen, reflejando prudencia ante un entorno más exigente en costos.
A esto se suman otros factores que siguen afectando la competitividad empresarial, como la alta competencia, la incertidumbre política y económica, la carga tributaria y la debilidad en la demanda en algunos segmentos. Incluso, temas de seguridad también impactan la operación de las compañías, obligando a asumir mayores costos y ajustes logísticos.
¿Qué ocurre en las regiones del país?
Desde las regiones, los líderes empresariales destacan la resiliencia del sector. Manuel Fernández Ariza, presidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Barranquilla, señaló que el 35 % de los empresarios de esa ciudad realizó inversiones en el segundo semestre de 2025 y el 18 % incrementó su contratación, lo que refleja confianza en medio de un entorno retador.
En ese sentido, subrayó que los empresarios mantienen una visión optimista frente al país, lo que refuerza el compromiso de fortalecer el desarrollo empresarial y mejorar el clima de negocios en las regiones.
Así, mientras las empresas buscan adaptarse al aumento del salario mínimo, el impacto ya comienza a sentirse en el consumidor final, en un contexto donde el crecimiento económico avanza, pero bajo condiciones que exigen mayor eficiencia y cautela.















