La vía al Llano continúa enfrentando problemas que van más allá de las emergencias provocadas por las lluvias. A las dificultades por derrumbes y cierres se suman retrasos administrativos y falta de recursos que mantienen paralizadas varias obras estratégicas en el corredor Bogotá–Villavicencio.
Uno de los principales casos es el del nuevo puente Chirajara, una estructura que terminó su construcción en febrero de 2024, pero que todavía no ha podido ser inaugurada ni puesta al servicio de los viajeros.
Ahora bien, Ricardo Postarini, gerente de Coviandina, explicó que la concesionaria construyó el puente con cerca de 96 mil millones de pesos de recursos propios y entregó la obra terminada desde febrero del año pasado.
Pese a ello, la ANI informó recientemente que no firmará el acta de entrega final mientras no se solucionen las condiciones de estabilidad del sector, especialmente en el punto crítico ubicado en el kilómetro 58.
El panorama también preocupa porque actualmente no existe un cronograma definido para iniciar las obras pendientes en la zona. Entre ellas aparecen la estabilización de la ladera, la recuperación del Túnel 13 y nuevas intervenciones sobre la Quebrada Seca.
Según la ANI, estas obras requieren inversiones adicionales cercanas a los 300 mil millones de pesos, cifra que supera los recursos actualmente disponibles en el fondo de contingencias del contrato.
Mientras continúan las demoras, la vía Bogotá–Villavicencio sigue operando con restricciones en el sector de Guayabetal, donde varios túneles permanecen cerrados y kilómetros de doble calzada construidos aún no pueden utilizarse.
Desde Coviandina advirtieron que la falta de decisiones podría empeorar las condiciones geológicas de la zona y elevar aún más los costos de las futuras soluciones.











