El aire en los estudios de Suba Alternativa se siente pesado. No es para menos; sobre la mesa descansa el tema que desvela a los bogotanos: la seguridad. Pero aquí no se habla de cifras frías, sino de quién tiene la culpa de que el miedo camine por las calles. La mecha del debate la enciende el candidato a la Cámara por Bogotá, el Sargento Mayor (r) Luis Orlando Lenis (Partido Mira, #103), quien con la rigidez de quien portó el uniforme, lanza la primera piedra contra el sistema judicial.
Sargento Lennis: «La culpa no es de la policía, la culpa es del sistema. Tratar de poner a un delincuente en la cárcel es hoy una de las cosas más difíciles que hay. El Código Penal está enfrascado en demostrar que la persona es inocente… mientras no tomemos el toro por los cachos y entendamos cómo funciona la delincuencia, vamos a tener los mismos resultados: un policía captura, y llega primero el abogado de la organización criminal que la misma justicia».
Lennis no se queda ahí. Su tono sube cuando señala directamente a la Casa de Nariño, denunciando un desmantelamiento de la inteligencia militar por «malas decisiones» políticas. Pero al otro lado de la mesa, el también candidato a la cámara Jairo Calderón (Nuestra fuerza, #104) , con la experiencia de haber recorrido Bogotá como concejal, no compra del todo la idea de que la tropa sea una víctima pasiva de las leyes.
Jairo Calderón: «Yo respeto la visión del Sargento, pero no la comparto. Cada comandante de unidad es responsable de la seguridad de sus hombres. ¡Oiga! ¿Cómo es posible que le coloquen en la entrada de una brigada militar una volqueta con explosivos? ¿Qué están haciendo dentro de la brigada? Yo los responsabilizo a ellos por permitir que asesinen a sus hombres. No tenemos inteligencia, no tenemos drones… no tenemos un carajo para evitar que eso pase».
La tensión es palpable. Mientras el Sargento defiende que las órdenes de «arriba» les cortaron las alas, Calderón insiste en que la autoridad se ejerce en el territorio, no solo en los códigos. Es en este punto donde la conversación gira hacia la raíz del problema: ¿por qué hay tantos delincuentes en las esquinas? Kevin Ocampo, vocero de la campaña de Wilder Escobar al Senado (Alianza verde con el #99) , entra al debate con una visión que aterriza la discusión en la realidad social de las localidades.
Kevin Ocampo: «Miren, lo que el doctor Wilder piensa es que lo primero que debemos hacer es atacar la inseguridad dando empleo a la juventud. ¿Quién está atracando en la esquina? Los muchachos desocupados que reclutan las mafias. Si a un muchacho de 18 años le cierran todas las puertas, termina siendo carne de cañón para esas bandas extranjeras que han entrado al país».
Propuestas de Seguridad: Entre la Reforma Legal y la Acción Ciudadana
Ahora bien el debate sobre la inseguridad en el Distrito Capital reveló tres caminos distintos para enfrentar el crimen organizado y la delincuencia común. Por un lado, el Sargento Mayor (r) Luis Orlando Lenis de manera ferviente centró su propuesta en una reforma legislativa de fondo. Aseguró que, desde la Cámara, es necesario presentar un proyecto de ley para cambiar el Código Penal, argumentando que:
«como están los códigos hoy en día, cada vez que atrapamos un delincuente… lo sueltan». Para Lennis, la solución radica en terminar con los «beneficios» del victimario y lograr una integración real entre la Policía, la Fiscalía y la Secretaría de Seguridad, evitando que cada entidad «hable un idioma diferente» en cuanto a cifras y estadísticas.
Por su parte, Jairo Calderón Carrero planteó una estrategia basada en la «sensación de seguridad» y la participación activa. Su propuesta estrella consiste en construir una red de 75.000 vigilantes con estatus de «policía cívica» o fuerza especial, quienes estarían comunicados con los cuadrantes y recibirían una «prima cívica» equivalente a un cuarto de salario mínimo como estímulo.
Calderón enfatizó en la prevención del delito, criticando que la policía dedique meses a grabar bandas en lugar de desactivarlas en sectores críticos como la Jiménez con Caracas. Además, propuso fortalecer el equipamiento tecnológico con drones e inteligencia para proteger tanto a la comunidad como a las propias brigadas militares.
Finalmente, la visión nacional representada por Kevin Ocampo (campaña de Wilder Escobar) vinculó la seguridad directamente con la política social. Su propuesta principal es atacar la inseguridad dando empleo a la juventud, señalando que el desempleo juvenil está «dos y tres veces por encima del desempleo general». Según Ocampo, la falta de oportunidades es lo que permite que «bandas extranjeras» recluten a los muchachos en los barrios. Por ello, su apuesta desde el Senado es fomentar el primer empleo para que los jóvenes de 18 y 19 años desarrollen habilidades y se alejen de los «círculos del delito» que hoy afectan al comercio local.
El debate por la seguridad cierra con una atmósfera de urgencia. Pero abre el debate de la economía y empleo. Ahora bien, entre la crítica de Lenis a una «paz mortal» que debilita a la fuerza pública, la exigencia de Calderón de activar anillos de seguridad reales y la apuesta de Ocampo por el empleo juvenil, queda una certeza: en Bogotá, la seguridad dejó de ser un tema de percepción para convertirse en una lucha de estrategias fallidas.















