En el municipio de Buenavista, Boyacá, la educación ambiental se ha consolidado como una experiencia práctica que integra el aprendizaje con el cuidado del entorno. Con el apoyo de la Secretaría de Educación y el Programa de Alimentación Escolar (PAE) ‘AliMente en Grande’, estudiantes han convertido la huerta escolar en un espacio clave para aprender sobre ciencia, alimentación y sostenibilidad.
Desde el Proyecto Ambiental Escolar (PRAE), la docente Margoth Barragán impulsa un enfoque en el que “la basura no existe: se transforma”, promoviendo el aprovechamiento de los residuos generados en el programa de alimentación mediante procesos de economía circular.
Los residuos orgánicos se reutilizan en sistemas de lombricultura para producir abono natural, que luego se aplica en huertas y zonas verdes. A su vez, las bolsas de leche se aprovechan en viveros escolares para la germinación de plantas y, tras su uso, se convierten en ecoladrillos que sirven para elaborar materas y jardines de polinizadores.
Estas acciones han permitido reducir significativamente los residuos y, al mismo tiempo, fortalecer la conciencia ambiental de los estudiantes, fomentando el cuidado del agua, la biodiversidad y el entorno.
La docente destacó que la alimentación escolar también cumple un papel educativo, al convertirse en una herramienta para enseñar hábitos sostenibles desde la infancia. Este proceso, que lleva cerca de nueve años, ha logrado consolidar una mayor apropiación ambiental en la comunidad estudiantil.
El PRAE se articula con distintas áreas del conocimiento como ética, ciencias naturales, matemáticas, artes y tecnología, promoviendo una formación integral enfocada en la sostenibilidad.
Con estas iniciativas, la institución educativa se posiciona como un referente en educación ambiental en Boyacá, consolidando un modelo de escuela sostenible con impacto en la comunidad.
















